¿Comprar una furgoneta Volkswagen del siglo pasado y reconvertirla en casa rodante? Cuando el fotógrafo Foster Huntington materializó su idea hace una década, no podía imaginar que terminaría creando el movimiento vanlife. Este concepto, relativamente nuevo, se ha abierto camino gracias al impulso viral de internet y las redes sociales. Hoy el interés por el alquiler de camper en galicia y otras CC.AA. es casi un fenómeno social, pero la camperización era minoritaria hace unos años.
El término vanlife, traducible como «vida en furgoneta», es una forma de vivir y de hacer turismo que antepone la libertad y la conexión con la naturaleza a todo lo demás. Su popularidad explotó gracias al hashtag #vanlife con el que Huntington, creador del movimiento, etiquetó sus publicaciones en Instagram.
De todos sus alicientes, el minimalismo es sin duda el que más atrae a las nuevas generaciones de viajeros. Las limitaciones de una furgoneta camperizada obligan a simplificar, a reducir las necesidades al mínimo, ofreciendo una experiencia donde los lujos materiales pasan a un segundo plano.
La sensación de libertad es otro de los rasgos identificativos de esta filosofía. Mientras que los turistas convencionales dependen de terceros (puntualidad de las aerolíneas, disponibilidad de reservas hoteleras, etc.) para disfrutar de sus vacaciones, los seguidores del vanlife toman el control de su itinerario y deciden el dónde, el cuándo y el cómo.
Otra característica de descubrir mundo a bordo de una furgoneta camperizada es la mayor sintonía que se logra con el medio natural. La biofilia, como se denomina formalmente, es difícil de alcanzar en las autopistas o el transporte público, pero los campers pueden acceder y transitar por enclaves de naturaleza virgen que no están en las guías turísticas. Asimismo, las limitaciones propias de este vehículo promueven un consumo más responsable y un planteamiento más sostenible del viaje.